LICENCIA PARA JUGAR, CONOCIENDO EL MODELO ESPAÑOL - POR @JavierJimenz

Al igual que Ian Fleming inventó una licencia para que James Bond pudiera llevar a cabo sus fines, el golf español se ha instalado en un estilo de gestión en el que todos y cada uno de los aficionados a este deporte cuentan con la acreditación que les certifica como golfistas.

 

Un modelo que se ha convertido en un caso de éxito que las federaciones de otros deportes estudian con detenimiento. Sin ir más lejos, la Federación Española de Deportes de Invierno aboga ahora por competiciones en las que mimetizarse con el golf y ampliar su nómina de federados celebrando eventos como el Campeonato Nacional Ski & Golf en el que los participantes combinaron las 20 puertas de un slalom gigante con los 18 hoyos de una ronda de golf, en un claro intento de aprovechar la llegada de los golfistas, habituados a la licencia federativa, para animar a los esquiadores a sumarse de forma oficial al deporte blanco.

 

No obstante, en España, como en muchos otros países, la licencia federativa no es algo nuevo. La propia Ley del Deporte recoge con claridad su regulación y la obligatoriedad de estar en posesión de ella para tomar parte en una competición oficial. Entonces, ¿qué diferencia al golf del resto de disciplinas?

 

A diferencia del resto de deportes todo el que lo practica el golf es un competidor a ojos de la Federación Española que, a través de la licencia, regula y mantiene el hándicap de los jugadores y facilita un seguro con el que cubre civilmente cualquier incidente que pudiera surgir durante la práctica deportiva. Además, con el importe obtenido anualmente con esta obligación, se sufragan también la promoción del golf.

Sin embargo, el mismo planteamiento que llevó a este deporte a crecer por encima de las trescientas mil licencias –hoy algo mermadas por la crisis económica-, es motivo de discordia. En especial entre quienes no participan de la competición de forma habitual.

 

No cabe duda que no es plato de gusto tener que abonar la cuota federativa al inicio del año a sabiendas que no se va a hacer uso de ella. Al menos no para competir. Por ello se hace necesario un ejercicio de solidaridad por parte del golfista para anteponer el interés general al particular. Una solidaridad que la Real Federación Española de Golf predica con el ejemplo repartiendo, a partes iguales, el importe recaudado con la federación autonómica de origen del federado. Es decir, de los 74,60 euros que paga un golfista mayor de 21 años con hándicap, 35 euros son para la española, otros tantos para su autonómica (Madrid, Cataluña, Andalucía…) y los 4,60 restantes para cubrir el seguro. Las cuotas se actualizan a la baja en proporción a la edad del golfista, de tal forma, que los más jóvenes solo pagan 15,90 euros al año.

 

Gracias esos importes el golf ha pasado de ser un deporte prácticamente testimonial en España, a mantener jugadores entre los mejores del mundo, estar presente en los circuitos profesionales de más calado o a formar equipos nacionales que han cosechado los títulos internacionales más relevantes. No en vano, el amateur número uno del mundo es el español Jon Rahm; y María Parra y Luna Sobrón figuran en el top ten mundial. Las aportaciones de los federados han llevado el golf a los colegios, pero también han ayudado a encumbrar el talento innato de Sergio García, de Azahara Muñoz o de Beatriz Recari. Por tanto, no es de extrañar que en otros deportes se estudie cómo imitar al golf para popularizar sus disciplinas, pero también para alcanzar la excelencia de sus deportistas. Lamentablemente para ellos, lo verdaderamente complicado de replicar reside en su idiosincrasia. Cuándo alguien se acerca al caddy master a buscar su green fee, este le exige que presente su licencia antes de permitirle golpear su bola en el tee del uno.

 

Extrapole esto a otros deportes. ¿Podría pedirle su licencia a un muchacho que juega al fútbol en la calle o a alguien que corre por el parque? De lo que no cabe duda es de que con la aplicación del modelo español muchos países podrían lograr una importante cosecha de éxitos deportivos que se reflejarán en el incremento de aficionados, de campos y en consecuencia, del negocio.

--

 

Escribir comentario

Comentarios: 0